Pedro Moreno

Documentando mi visita al planeta tierra desde 1979

Soledad

Ayer en la habitación el aire era tan denso que casi respiraba bandiblú. Salí a la ventana y ya escuchaba las risas y el chirriar de los columpios. A lo lejos sonaban pelotas botando y gritos de emoción. En el otro extremo del parque, un niño con la completa y colorida indumentaria de portero, y sus respectivos guantes, botaba un balón con la mirada buscando un amigo que no llegaba. Tras un largo rato, allí seguía, inmóvil, botando su balón en medio de la pista aguardando y contemplando el otro extremo del parque, imaginando que jugaba con ellos, que reía con ellos. Al caer la noche se marchó a casa, observando el suelo con la tristeza brotando de sus ojos.

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