Pedro Moreno

Documentando mi visita al planeta tierra desde 1979

Vivir con miedo

Ultimamente noto en la gente con la que hablo una especie de “miedo”. Un miedo que no muestran pero que cuando ahondas un poco sale a flote, mostrando su cara más amarga. Cada uno vive con un miedo, o con varios. Unos temen a las multas, que si como hay huelga o están protestando te van a multar hasta por meterme el dedo meñique en la nariz en un semáforo, y pagues por mililitro o gramo extraído.

Otros temen porque ya no saben si bajarse películas, o música, o si pueden poner la radio del coche fuerte no vaya a ser que por cosas del infortunio, la escuche el del coche de al lado, y que ciertos señores de traje te hagan comerte uno a uno los discos. También temen que al grabar el bautizo de su sobrino, vengan y les cobren por cada sonrisa filmada en el video, o por cada foto que le pasen a su primo que vive a veinte kilómetros.

Otros tienen miedo a tras un almuerzo, en pleno mes de junio, a treinta y cinco grados a la sombra, meciendo el flequillo bajo un ventilador, descansando en plena faena hormigonera con los bajos llenos de mezcla, encender un cigarrillo mientras se toman un café cortado para echar el resto de la tarde. No vaya a ser que el local tenga mas de cuatro losas por cuatro losas y haya alguien vigilando tras la máquina expendedora de bolitas de chicle gigantes, y les salga la cuenta en negativo al terminar la jornada.

O temen salir a la calle en determinadas horas, aquellas en las que chavales con menos de la veintena de años, llevan bajo el pié el gatillo de cientos de caballos desbocados galopando esquina tras esquina, buscando lo que todo el mundo nunca espera encuentren a pesar de todo. Mientras que un hombre mayor, que para dar un paseo a su señora en motocicleta por la sierra de su pueblo, tiene que pasar tres exámenes, pagar más que el otro, y limitar la potencia de su pony de recreo.

También he escuchado que tienen miedo a que sus hijos tengan que hipotecar sus vidas, y las de sus nietos, para pagar un piso de paredes juntas y finas como el papel, mientras ellos pagaron hace tiempo su casa, en la que pueden merendar en el jardín al caer la tarde.

Y sobre todo temen a lo que venga mañana, o al mes que viene, temen a la incertidumbre, a la inseguridad, a verse en un mundo que cambia sin orden ni sentido, y temen porque aunque pensemos que no va a peor, parece que va.

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