Porque después de comprar catorce regalos en el súper de la esquina para tener al niño entretenido y que no de guerra, uno se queda sin dinero, ni para caramelos. Y en el día que más ilusión le hace a nuestros retoño, justo cuando pasa el rey negro, pues tenemos que sacar lo más ruin de nosotros, y como no, darle la vuelta al paraguas para dar ejemplo a los más pequeños de como se hacen las cosas, de cómo los caramelos gratis son para guardar para todo el año, y ya de paso tocamos los huevos a todos los que estén alrededor. Acto seguido sacamos las bolsas del Carrefour y las llenamos, para continuar con el paraguas a modo de cazo rebañando ilusiones. Y si hay que tirarse al suelo a por los caramelos, uno se tira. Y si hay que pegarse con el padre de al lado, se la da cuatro hostias, y si hay que pisar manos de niños, se pisan. Pero gratis es gratis.
—Extracto de un texto titulado Pobres de mierda