La importancia de abrir o no abrir una puerta
Esta tarde han llamado al timbre de la puerta. La mirilla me desvela un hombre mayor de pelo canoso, cara bondadosa y portafolios en mano. Como hoy estoy de buen humor abro la puerta.
Esta historia comenzaría con una llamada desde el telefonillo del bloque que da a la calle. -Din dong - ¿Quién es? - Me abre por favor… - Vale. Ya está hecho el daño, ya no hay marcha atrás, todo esta perdido. Este hombre ha entrado en el nido, en el enjambre, 5 plantas de 4 pisos cada una con sus respectivos timbres de puerta a los que llamar. Una persona nueva tras cada puerta y el mismo rollo a soltar. Siento decir que es un rollo, pero lo es.
Sigo por donde iba. Abro la puerta. - Hola que tal. - Hola buenas tardes, vengo a hablarle de la familia, es muy importante, parece que usted vive sólo……..en este librito vienen 7 pasos a seguir………..se lo dejo y otro día pasamos a por el y me cuenta que opina ………….. (los puntos suspensivos son porque no recuerdo que ha dicho)
Podría haber llegados a este nivel pegado un portazo que sonara en todo el bloque, y posiblemente en el de al lado, y que desmintiera la puerta de la pared y se quedara medio colgando, y me hubiera traído el pomo de la puerta al hacerlo: Pero no, he aguantado diez minutos, diez, de pié en la puerta el piso mirando de reojo como una cervecita fresquita me esperaba impaciente encima de la mesa del salón, junto a un sofá donde tirarse a olvidar el tiempo. He tenido paciencia. Me ha dado el librito y se ha marchado.
Pero lo mejor viene ahora. Después de irse, me he quedado en la puerta, y me he pasado un buen rato escuchando como iba llamando con calma pero sin pausa, timbre a timbre de cada puerta, planta tras planta. Como el goteo del grifo en plena noche que no te deja dormir.