La importancia de esa poderosa y pequeña pieza metálica llamada llave
Aparcamos el coche en el garaje cargado de cosas del IKEA. Entramos por la puerta que da al ascensor, subo al piso y cuando llegamos a la puerta me doy cuenta de que me he dejado las llaves en el coche. No hay problema, bajo a por ellas. Cuando llego a la puerta que da al garaje me acuerdo que sólo se abre desde fuera. Cagada mortal con tirabuzón carpado hacia atrás y pirueta.
Subo de nuevo en el ascensor. Oye que verás…la puerta sólo se abre desde afuera y las llaves están en el coche… Aiiii omaaaa. Que no cunda el pánico. Bajamos los dos en un intento de entrar en el garaje aprovechando que alguien aparque y salga de el. 5 minutos sentados en la escalera hicieron que nos diésemos cuenta de que igual daban las diez de la noche y nadie llegaba.
Plan B. Que no cunda el pánico de nuevo. Salgo fuera del piso y espero en la puerta del garaje a que un coche entre o salga y me cuelo por ahí. Aiii omaaaa. No calculé que la puerta del garaje está tras una larguilla rampa haciendo curva, y cuando vi que un coche salía del garaje, corrí hacia abajo como un poseso pero la puerta estaba casi cerrada. ¿Esa escena de Indiana Jones en la que se cierra la puerta y se cuela y se le cae el sombrero que lo recoge después? Pues eso, pero en el plan más cutre posible. Llaves en mano, objetivo cumplido y seguro que esta noche dolor de lumbago.
De verdad espero que tengan cámaras de seguridad en la puerta del garaje, porque quiero una copia de esa cinta.