Roma - Día 1
Un viaje fantástico de tres días en el que prácticamente he visto la mayor parte de Roma, no solo los monumentos principales, sino esas pequeñas cosas que hacen entrañable y mágica una ciudad.
Ver Roma en tan pocos días es imposible, una ciudad con tanta historia y 4 millones de habitantes es muy grande en todos los sentidos, pero si que se ha intentado aprovechar cada minuto que se ha estado allí. Aquí un breve resumen el primer día, por si a alguien le puede venir bien de cara a organizar un viajecito por aquellos lares:
- Llego al aeropuerto de Fiumicino a las 10:30 de la mañana donde me encuentro con mi hermana, que estudia su último año de carrera allí y ha sido mi guía y anfitriona durante todo el viaje (Mil gracias desde aquí). Tomamos el tren de vuelta directo a la estación de trenes de Trastevere
- De la estación de Trastevere vamos a San Paolo en autobús, donde esta el piso.
- Vamos a la Basílica de San Paolo a verla por dentro y por fuera, ya ahí empecé a darme cuenta de que allí todo lo hacen a lo grande, sin escatimar en espacio vamos.
- De ahí vamos a 45giri, un comedor de la facultad de mi hermana cerca de via Ostiense, que de noche es una discoteca. Se come bien y cantidad por 2 euros.
- De ahí vamos al centro de idiomas que está en via Ostiense a que mi hermana arreglara unas cosillas, pero hay demasiada cola y nos vamos con el coche de un amigo de ella, Simone, a El Vaticano (Desde aquí mil gracias a Simone por todo)
- Aparcamos el coche -que en Roma es casi misión imposible- y vamos andando hasta Castroni, una de las mejores cafeterías para tomar un cappuccino, en el barrio de Prati. Cuando ves que la espuma tiene forma de corazón ya sabes que va a ser el mejor capuccino que te tomarás jamás.
- De ahí vamos a la inmensa Piazza de San Pietro, nos ponemos en cola, que tuvimos muchísima suerte y pillamos poquísima y subimos a la cúpula tras 551 eternos y estrechos escalones. Las vistas son sencillamente increíbles, salen buenas fotos desde allí.

-Bajamos de la cúpula y entramos en la basílica de San Pietro, donde están varias obras de Barberini y La Pietà de Michelangelo.
-De ahí vamos de vuelta al coche, y cenamos en el barrio de Prati en una pizzeria, donde pruebo las delicias de la tierra, el arancino siciliano, pizza italiana y un cannoli siciliano de postre, que me hice de rogar para probar, y luego me encantó.
-Una vez con el estómago lleno vamos a Piazza del Popolo, donde subimos a un pequeño mirador desde el que se ve la plaza y gran parte de Roma. Un sitio realmente romántico para ver las vistas.
-De ahí andando a Piazza Spagna (pasando por el McDonald’s a repostar) y a la Fontana di Trevi, uno de los sitios más mágicos para mí de la ciudad. Sentarse allí a contemplar la fuente es algo que hay que hacer al menos una vez en la vida.
-Cuando vamos de vuelta al coche pasamos por via del Corso, una de las arterias de Roma, en la que nos encontramos una pelota de corcho envuelta en kilómetros de lana, con lo que recorremos toda la calle dándole patadas soltando lana, hasta llegar al coche que estaba cerca de la via Lungotevere. En uno de los intentos para recuperar la pelota a alguien casi le atropella un Lamborguini Murciélago.
- De allí nos vamos a Piazza Venezia donde está el monumento de los caídos y subimos por el lado, al Campidoglio, pasando en coche antes por el Castel Sant Angelo, donde nos encontramos con el festival de Cine de Roma, con sus cochazos y sus celebridades, que yo al menos no conocía.
- De allí vamos en coche a Aventino, a mirar por un agujerito desde el cual se observa una sorpresita, que me guardo para no desvelar el secreto, aunque seguro que San Google lo sabe.
- De Aventino ya cogemos el coche y nos vamos al piso donde ya sin fuerzas y casi arrastrándonos, donde nos encontramos con las compañeras de piso de mi hermana, Francesca y Cristina (a las que saludo y vuelvo a dar mil gracias desde aquí) con una botella de vino vacía. Una intenta mojar a la otra y mancha la impoluta pared blanca de vino, con lo que para intentar disimularla prueban a pintarla con pintura de niños, Tipp-Ex y restregar con estropejao. Al final quedó manchado
Y ahí acabó el día más intenso y largo de mi vida, un primer día en Roma inolvidable.
Gracias a todos por hacerlo posible.