Pedro Moreno

Documentando mi visita al planeta tierra desde 1979

Las 2 ruedas

El mundo de las dos ruedas es bonito, emocionante y gratificante. Pero para el que sabe lo que se hace.Y no quiero dar el sermón, sólo dar un punto de vista crítico sobre este mundo, que el fin de semana que viene tenemos más en auge que nunca aquí en Jerez, con la celebración del Mundial de Motociclismo, que algunos disfrutan y otros temen.

La mente

Todo vehículo a motor debería ser conducido por una persona con algo de cabeza, responsabilidad y respeto por sí mismo y los demás. Y suena a discursito de un padre al chaval de 15 años, pero es cierto.

Para empezar, distinguimos varias clases de conductores:

  • El chaval de 15 años con el carné recién sacado y una scooter de 49cc que corre como si fuesea correr en la MotoGP
  • El que tiene entre 20 y 30 tacos, y se compra un quad, porque es mayor para un scooter y le gusta hacer el cabra
  • La mujer y su vespino
  • El abuelo/a de pueblo con la PUCH antidiluviana
  • El motero

Hay que dejar esto claro, porque para nada es lo mismo. Y sé que no todo el mundo es igual, ni se comporta de la misma manera, ni quizás encaje en ninguno de estos perfiles, pero quiero referirme a todo aquel que lo hace mal.
Los quad son esas motos con 4 ruedas que el 90% del tiempo lo hacen sobre 2, que no distinguen entre la cera y la carretera, y que aprovechan cualquier zona de tierra, para pasar a mil por hora, y levantar polvo que se ve desde Polonia.

Quizás me meta en terreno pantanoso, pero creo que es correcto matizar que la mayoría de la población femenina no conduce de la misma forma los vehículos de 2 ruedas que los hombres, y además en menor medida. Hay casi el mismo porcentaje cuando hablamos de coches, pero en motos noto que varía bastante. Y además lo hacen de forma más correcta y tranquila. O la usan para ir a hacer recados, o son moteras consagradas.

motocicleta
Los abuelos moteros tienen su peligro, pero también su derecho a circular libremente. Normalmente no van muy pegaditos al arcén, a un ritmo muuuuuuuy lento y dando algunos tumbos. Así que hay que andar con mil ojos y el pié preparado en el freno por si acaso. Hay que cuidar a nuestra sabiduría.

Los moteros son simplemente otra especie. Realmente no sé de que viven, ni que trabajo desempeñan para poder estar viajando de un lado a otro gastándose los cuartos en ciudades que suben los precios para apovechar su llegada. Inundan las ciudades donde se celebran las carreras, creando un estado de anarquía total, sin señales de tráfico, ni leyes, ni orden, ni horario, nada. Y a veces se agradece este “caos” que se crea, no todo puede ser tan recto ni correcto.

He dejado para el final el chaval con la scooter, porque al final creo es el que más sufre.

Mamá, quiero una moto

La frase mágica. Creo que muchos padres están temiéndola desde que le daban el biberón.

Es lógico que llegada a una edad, quieran moverse más allá de las fronteras de la barriada, descubrir “nuevos mundos” y escapar de las miradas de las vecinas cotillas.

El que no tiene moto del grupo es el “pringao” número 1, el último, el peor. A esa edad ocurre, hay que tenerlo todo y tener lo mejor. Si además a esto sumamos la llegada del primer noviazgo, la cosa se pone más complicada.

Del punto de vista del chaval es genial. Y lo sé porque lo he vivido, conducir con la novia a las espaldas a lomos de tu moto, con el viento en la cara y las preocupaciones atrás.

Pero no más lejos de la realidad, la preocupación reside ahí mismo, sobre la moto, y no sólo en la mente de la madre inquieta que espera que el hijo vuelva a casa sano y salvo de la travesía. Y la peor parte se la lleva el que va de “paquete”…

El paquete

Ir de “paquete” o co-piloto en una moto a veces se convierte en una lotería mortal, sobre todo si se conduce como se hace normalmente por las callecitas estas las scooter. Se cruzan coches, el suelo resbala por la pintura de los pasos de cebra, baches, frenazos, coches que se cruzan….. todo son alicientes para que se produzca la desagradable caída.

A veces veo pasar a toda pastilla motos de cross de esas que no llevan ni guardabarros, ni luces, ni nada, con la novia detrás, sujeta como puede a la cintura del Crivillé de turno, con los piés en el aire y con la mirada perdida en el vacío, como aquel que se juega la vida inutilmente.

Conclusión

Decir que sólo he comentado el lado malo del mundo de las motos, del que ya sabemos tiene un lado muy bonito. Los moteros viven la pasión de recorrer sitios de una forma diferente a la que lo hacen los demás, con otro punto de vista. Se reunen, hacen amigos, conversan y entablan relaciones. Es una auténtica forma de vida, un modo de liberarse y recrearse. Así que dedico un aplauso para los auténticos moteros y para la gente que en definitiva, tiene ganas de vivir.