Pedro Moreno

Documentando mi visita al planeta tierra desde 1979

El cine, sus anuncios y sus caras palomitas

Se pueden poner muchos adjetivos a lo que voy a contar, pero mejor no ponerlos por aquí, para no herir la sensibilidad del lector

Ir al cine

La entradas de cine oscilan entre los 3€ y los 6€ que cuestan en algunas salas de proyección. Aquí en el sur tenemos la suerte de contar con los precios más bajos de la península por lo visto, ya que en sitios como Barcelona y Madrid la broma sale de cinco a seis euros.

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Tras elegir película, esperar la larga cola y localizar tu asiento, casi te vas olvidando del dinero que has dejado en la entrada, autoconvenciéndote y autocomplaciéndote de que ha merecido la pena, de que la película lo vale.

Las luces de la sala empiezan a disminuir su intensidad, y notas como encienden los altavoces. Aún bailan cabezas delante tuya, de la gente que no ha llegado a tiempo, que se mueven de un lado a otro, siempre se queda alguien de pié justo delante, confuso de donde está su asiento, porque ahora esta oscuro, ahora si es realmente difícil localizar ese pequeño número que te guía por el laberinto de asientos.

Y cuando todo se ha calmado y parece perfecto, descubres que lo primero que vas a ver en la pantalla de 15x3 metros y sonido Dolby Digital Sorround DTS THX es el último anuncio de Coca-Cola (“WHOOOOOOOOOOOO….”), seguido de unos interminables, aburridos, indignantes e inexplicables 15 minutos de anuncios. ¿no vemos suficientes en la tele de nuestro salón? ¿no nos sabemos suficientemente bien de memoria esa cancioncilla pegadiza, cada frase y cada gesto?

Al menos después viene uno de los momentos, que aunque parezca mentira, muchos esperamos ansiosamente: los trailers, que a veces se convierten en lo mejor de ese día de cine

Refresco y palomitas

Sí, se que esto va justo después de comprar la entrada. Pero he preferido dejarlo para el final, para poder extenderme a gusto.

Todos sabemos en nuestro subconsciente que las palomitas y refrescos que compramos en la entrada del cine son más caros que fuera del mismo. ¿lo sabemos realmente?

No son más caros, son abusivamente estafantes. Eso sí, tienen menús donde elegir a puntapala, DUO, GIGANTE, DOBLE, FAMILIAR, INDIVIDUAL, CINE, ESPECIAL, JOVEN, …. y todo lo que se le ocurra al gerente del cine. Desde seis euros a quince euros son los precios de estos artículos, que si echamos cuentas, salen más caros que la propia entrada. Eso si no se nos antoja algo dulce, como un Kit-Kat, un Twix, o un paquete de patatas fritas, que trae sólo tres, de tamaño bolsillo.

Pero ya que está uno en la puerta del cine, con el billete cambiado trás comprar la entrada y con las ganas de entrar, compra ese enorme cubo de palomitas y ese litro de refresco, que casi haría falta un carrito del Carrefour para llevarlo hasta el asiento.

Según se puede leer (via 2o minutos), las palomitas que se venden en los cines son de peor calidad que las que se venden fuera, tienen más grasa y más sal. Total, que además de ser diez veces más caras, nos la dan con queso, y son más malas, pues que bien

El refresco, en la mayoría de los casos, está aguado por la cantidad de hielo, y no sabe realmente a lo que debería de saber. Además, lo saladas que están las palomitas, hacen que te llegues a beber el litro de refresco en 5 minutos, y después de una hora y media de película, en la que no quieres perderte nada por ir al servicio, ya imaginamos como queda la vejiga.

Para concluir, he de decir, que aun así, yo sin refresco y palomitas no soy el mismo en el cine, no disfruto tanto la película, y que las palomitas del cine, son sin duda, las palomitas más buenas que he probado jamás. Y que al menos, una vez por semana, tengo que ir al cine, es mi única adicción

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