El camping del terror
Espero que nadie lo descubra, que no tengan la oportunidad de vivirlo, que vivan en la ignorancia de que tal lugar existe. De día una cosa, y de noche otra.
Es fácil imaginarlo pero dificil vivirlo. Una habitación con olor a perro mojado, queso y orina, no acierto en que proporción. Una máquina de latas de refresco y patatas, y otra de agua sucia que llaman café, en la que introducen por debajo todo tipo de comida traida de casa para que se mantenga fría. Calendarios de figuras religiosas, fotos de familiares decorando las paredes, dos servicios con ropa tendida de pared a pared, mantas, cepillo de dientes, y butacones desperdigados por todas partes a modo de camas improvisadas, formando en conjunto el peor camping improvisado imaginable. Y una mujer que parece un hombre, o un hombre que parece una mujer, es la encargada de las persianas, la dueńa del interruptor de la luz y la que sabe a que temperatura queremos estar. Un lugar para olvidar, la sala de espera de la UCI.